Según José Manuel Esteve, en su ponencia presentada en las XXXI Jornadas de Centros Educativos en la Universidad de Navarra, “Ser maestro es una aventura”.
A lo largo de mi experiencia de 17 años en la docencia de educación media superior, he observado diferentes tipos de docentes. Los hay desde aburridos que viven angustiados, hasta apasionados que disfrutan su cátedra. Todos hemos estado una vez en una u otra situación. Desde que por destino habitamos un aula como docentes, nos encontramos con un mundo de posibilidades. Los docentes de bachillerato en su mayoría no somos pedagogos de profesión. Inicia ahí la primera batalla, cómo enseñar lo que sé. Nadie nos ha enseñado a hacerlo. Y, por otro lado, algunos docentes de bachillerato que son pedagogos, sí saben cómo enseñar, pero no las matemáticas que tanto se les dificultaron, por eso escogieron ser docentes de profesión. No es tarea fácil para Recursos Humanos de educación media superior la selección de personal. Ya insertos los docentes en sus planteles, sería corresponsabilidad de cada quien “emparejar” su perfil a las necesidades del trabajo y capacitarse en lo necesario. Tarea mucho más difícil, cuando recién titulados, creemos que lo sabemos todo, y lo que más nos falta es humildad para preguntar.
Estaría muy bien empezar como dice Esteve:
1. Elaborar la propia identidad profesional. El maestro novato debe volver a estudiar temas y estrategias de clase desde el punto de vista del profesor práctico y no del estudiante de magisterio.
2. Conseguir ser un buen interlocutor. Un profesor es un comunicador, y las situaciones de enseñanza se desarrollan en un ámbito grupal, por tanto necesita dominar las técnicas básicas de la comunicación grupal, encontrar las formas adecuadas de expresión, dominar los códigos y canales de comunicación, distinguir los distintos tonos de voz que puede usar.
3. Conseguir disciplina. Hay que convencerse de que los alumnos no son enemigos de los que hay que defenderse. Para ello, el razonamiento y el diálogo son las mejores armas.
4. Adaptar los contenidos de enseñanza al nivel de los alumnos. Hay que aceptar a los alumnos que uno tiene y, o se les engancha en el deseo de saber, o se les va dejando tirados conforme se avanza en las explicaciones.
En la actualidad, más que nunca, contamos con exceso de información; es decir, las ciencias y no ciencias están al alcance de todos, en cuestión de segundos; lo importante ahora es, ser maestros de humanidad, como dice Esteve.
Estoy de acuerdo con José Manuel Esteve, donde hay que “pensar y sentir, y hacer, pensar y sentir” a pesar de las dificultades, manteniendo la identidad profesional, en un proceso continuo de comunicación e interacción con disciplina, contenidos y niveles dignos, manteniendo el orgullo de ser profesor. Sin esperar que ésto sea algún día reconocido, porque hoy el mundo está al revés.
jueves, 11 de diciembre de 2008
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